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'Judas', película guatemalteca basada en el apóstol traidor de Jesús

Captura de pantalla de la película "Judas"
"Judas" es el nombre de una película realizada en Guatemala por Rafael Lanuza, de hecho, según los anales de la historia del cine guatemalteco, fue la última que realizara antes de morir.

El protagonista principal, quien obviamente encarnó a Judas, fue su hermano, Claudio Lanuza. Ambos ya han fallecido, pero dejaron un legado muy importante en el arte nacional, especialmente en el cine.

Saco a colación este tema debido a que soy actor desde hace casi 12 años y recuerdo con mucho cariño varias películas de los hermanos Lanuza que vi cuando era chico en el extinto Canal 5, pero particularmente esta, ya que tenía mucho contenido de la Semana Santa en Guatemala.

Fue filmada en la Semana Santa de 1987 en varias calles de la ciudad. Por ejemplo, el Palacio Nacional de la Cultura fungió como set para recrear el palacio de Poncio Pilatos en la antigua Roma, donde Jesús fue condenado a morir en la cruz.

Se pueden escuchar varias marchas fúnebres, de hecho, comienza con "La Granadera", pero también podemos escuchar de fondo en varias escenas la "Mater Dolorosa" de Julia Quiñónez, entre otras.

En cuanto a otras locaciones, se puede observar el Cerrito del Carmen y otras calles y avenidas de la zona 1 principalmente. En definitiva, se utilizaron muchos detalles tanto artísticos como técnicos.

Finalmente, sin ánimo de spoliear (ya que les dejaré al final la película completa), quería compartir un poco del trabajo de los hermanos Lanuza, quienes tuvieron una larga trayectoria en el cine guatemalteco y qué mejor para nosotros los Cucuruchos Luz que contar con un material que me atrevería a decir, muchas de las generaciones actuales jamás vieron.

Elenco de "Judas":

  • Claudio Lanuza - Judas
  • José Alfonso Díaz - Jesús
  • Herbert Meneses - Pilato
  • Alfonso Milián - Caifás
  • Luis Escobedo - Anás
  • Margarita Kenefic - María
  • Mary Carmen Sosa - María Magdalena
  • Patricia de Corleto - Claudia
Dirección: Rafael Lanuza.

Esta es la película completa en YouTube, misma que imagino se encontrará físicamente en la Cinemateca Universitaria Enrique Torres. ¡Que la disfruten!




Las marchas 'alegres' de los cucuruchos

Programa musical del un Concierto dedicado a la Santísima Virgen del Rosario. Foto: Esvin López
Ya hemos hablado anteriormente sobre las "marchas fúnebres" o ese segmento de la música sacra que, generalmente, escuchamos en Cuaresma y Semana Santa.

Pero ahora me gustaría comentar humildemente sobre las "marchas alegres" que en su mayoría, solamente escuchamos en otras épocas del año, en distintos cortejos procesionales.

Para empezar, llamar "marchas alegres" a estas fabulosas piezas musicales, es otra de las manifestaciones de la jerga cucurucha con la que en este humilde blog hablamos.

Pero a decir verdad, este tipo de melodías o piezas musicales sí las escuchamos en la Semana Mayor, de manera más conocida en la procesión de Jesús de las Palmas o cariñosamente llamada "La Burriquita", así como en el Domingo de Resurrección que es cuando sale a la calle ese Cristo Vivo que, lamentablemente, no tiene tanta afluencia como en los "días grandes" de aquella extraordinaria época del año.

Los sones y muchas piezas conocidas de marimba, han comenzado a reemplazar a incluso muchas marchas militares, incluso varias muy conocidas de Estados Unidos. Ojalá que definitivamente se queden para la posteridad nuestras "marchas alegres", no solamente porque son de autores nacionales y muy reconocidos marimbistas, sino que también provocan ese sentimiento de alegría y gozo que, combinado con el zarandeo de las andas a quienes acompañan, sin duda alguna se transforma en una verdadera vivencia de espíritu.

Gracias a mi amigo Luis Pedro Villagrán, ahora poseo una colección bastante generosa de esta música. No termino de agasajarme cada vez que escucho "El Rey Quiché" interpretada por músicos guatemaltecos, específicamente en un concierto homenaje a la Santísima Vírgen del Rosario, realmente una pieza maravillosa.

Así es que si no ha tenido la oportunidad de escuchar piezas conocidas de marimba, como "Mi Lupita", "La Calle Doce" y muchas más, interpretadas por bandas de procesiones, le invito a que busque, escuche, se deleite y por supuesto, comparta.

Mientras tanto, le dejo un pequeño vídeo grabado por su servidor en la procesión de la Santísima Virgen de la Asunción.


Bendiciones.

¿Qué significa Cucurucho?

¿Quiénes Somos los Cucuruchos?

Un cucurucho es una persona laica católica que viste un traje especial denominado Túnica, para poder participar en las Procesiones que se realizan en la Cuaresma y Semana Santa en Guatemala. El significado de Cucurucho realmente puede ser Hombre o Mujer, aunque al sexo femenino se le denomina Devota Cargadora; pero el sentir y el actuar es el mismo.

Un cucurucho mantiene un significado material como lo es cargar procesiones, escuchar las marchas fúnebres y compartir con la familia, y un significado espiritual como lo es la meditación y oración contemplativa como un gesto de gratitud, perdón o petición a Dios nuestro señor a través de una imagen de pasión que represente el Santo de Nuestra Devoción, Jesucristo o la Virgen María.

un cucurucho además de cargar procesiones, vive su devoción con el ejemplo todo el año
El Cucurucho además de vivir su devoción,
la transmite con su ejemplo todo el Año

¿Qué es un Cucurucho?

Éste Blog está con la intención de hacer plasmar las vivencias, recuerdos, anécdotas y experiencias de todo Cucurucho que vive y siente el amor de Cristo Jesús en su corazón a través de las tradiciones religiosas en nuestra Guatemala; como lo es la Cuaresma y Semana Santa,  acá encontramos el verdadero Significado.

Si bien es cierto que en perspectiva cultural el Cucurucho no es más que un Católico cristiano que participa en las procesiones, pero con éste blog intentamos ayudar a encaminar el verdadero orgullo sano de lo que es ser un Cucurucho; que realmente viva su procesión todo el año, participando de una iglesia viva en todo sus aspectos.

el significado del cucurucho y el significado de la túnica
El Cucurucho toma su Túnica como un Traje especial

El Traje del Cucurucho: La Túnica

La túnica es el uniforme por excelencia del Cucurucho, también se carga con Traje de Calle; sin embargo para la Semana Santa, se contempla la uniformidad de la Túnica para llevar en hombros a nuestras imágenes de Pasión.

La Túnica la compone la Paletina, Capirote, Cinturón y Banda. Sin embargo en otras procesiones se utiliza el Casco, y en otros sólo utilizan el Capirote; y así se van realizando variaciones, pero la túnica nunca se deja de usar. El significado de la túnica siempre será especial.

Faltan 164 días para Semana Santa 2015

Uno de los pasos del cortejo de Santo Entierro de El Calvario.
Arribamos a la primera quincena de octubre de 2014 y aunque aún falta tiempo para las celebraciones de fin de año como la Navidad y Año Nuevo, la comunidad de cucuruchos ya tenemos también en la mente la pregunta eterna: ¿Cuántos días faltan para la Semana Santa?

Esta es una pregunta recurrente que cualquier cucurucho de pura sepa no solamente se realiza a finales de año, sino en cada momento. Es más, el mismísimo Domingo de Resurrección de cada Semana Mayor llegan de la mano la nostalgia y la anterior pregunta.

Pues queremos contarte que estamos a tan solo 164 días para la Semana Santa 2015. Pero también te queremos compartir el calendario de la Semana Mayor del próximo año:
  • 28 de Marzo, "Sábado de Ramos", Sábado anterior a Ramos o "Sábado del Consuelo"
  • 29 de Marzo, Domingo de Ramos
  • 30 de Marzo, Lunes Santo
  • 31 de Marzo, Martes Santo
  • 1 de Abril, Miércoles Santo
  • 2 de Abril, Jueves Santo
  • 3 de Abril, Viernes Santo
  • 4 de Abril, Sábado Santo (ó Sábado de Gloria)
  • 5 de Abril, Domingo de Resurrección (ó Domingo de Pascua)
  • 6 de Abril, Lunes de Pascua.
Así que si estás tan ansioso como nosotros, no dejes de estar pendiente porque recién comenzamos una cuenta regresiva llena de mucho entusiasmo y sobre todo, de mucha alegría para poder evangelizar a través de nuestras tradiciones.

Recorrido de la Procesión de Jesus de la Justica, Iglesia El Calvario


¿Qué significa la Cuaresma?

Jesus de los Milagros en la Cuaresma de Guatemala
La Cuaresma en Guatemala

COMIENZA LA CUARESMA

Unas líneas para que podamos preparanos para la Cuaresma en Guatemala.




I. CUARENTA DÍAS DE TRABAJO INTERIOR

1. Cuaresma significa "cuarenta" y son 40 días de trabajo interior que nos prepara para la celebración de la PASCUA (triunfo de Jesús sobre la muerte).
2. La Cuaresma empieza el Miércoles de Ceniza y acaba el Jueves Santo. En ese período no se canta el "Aleluya" ni se recita el "Gloria".
3. Se inspira en los 40 días durante los cuales Jesús se retiró al desierto para prepararse al comienzo de su vida pública. También en el antiguo testamento se habla de que Moisés aguardó 40 días antes de subir al Sinaí. El Profeta Elías caminó durante 40 días hacia el monte Horeb. Y la marcha de los judíos por el desierto duró 40 años.

II. TIEMPO DE CAMBIO

1. El Miércoles de Ceniza se nos dice: "Conviértete y cree en el Evangelio". La Cuaresma es pues, un tiempo de conversión. Esto quiere decir: proceso de cambio de manera de pensarme, pensar la vida, pensar a Dios (cambio de mentalidad), y transformación de valores que guían mi comportamiento cotidiano. Jesús le dijo a Nicodemo que aceptar su visión de la vida era volver a nacer. Es un tiempo de renovación.
2. Por lo tanto el tiempo de Cuaresma es para intensificar la vida interior, desarrollar la conciencia de la presencia y acción de Dios en el interior de nosotros, para darnos cuenta de los posibles “desórdenes” que bloquean su acción transformadora y trabajar en removerlos: eso es el proceso penitencial: un proceso de conocimiento y de trabajo por la transformación personal en fidelidad a la presencia, acción e inspiración de Dios en nuestro interior.

III. CAMBIAR EL CORAZÓN

1. El Miércoles de Ceniza comienzan algunas prácticas “penitenciales”. La Iglesia dice: date cuenta de la necesidad de una “ascésis”. Esta palabra significa que hacemos un conjunto de prácticas (actividades) que ayudan a la transformación espiritual. Entre ellas están el ayuno y la abstinencia. Los Viernes de Cuaresma son días de abstinencia.
2. Ayunar se refiere a no comer carne (excepto el pescado). Así se explica esta “obligación). Pero tanto la abstinencia de carne como el ayuno que se refiere al alimento, podemos vivirlo desde el sentido profundo que tiene esta práctica: hacer una práctica de tomar distancia, de privarnos de algo que ha comenzado a formar parte de nuestra vida y finalmente es un verdadero “apego” que limita nuestra libertad. Nos parece que sin eso no podríamos vivir: por ejemplo, uso del computador con todas las actividades que él supone, comer ciertos alimentos o de determinada manera que más bien nos hace daño. Son ejercicios de integración personal que nos llevan a poner al derecho nuestras prioridades: primero las interiores (espirituales) y luego las exteriores, especialmente las que tienen que ver con los sentidos que tienen el riesgo de volverse adicciones. Así que el ayuno puede ser el ejercicio de privarnos de cosas que nos tienen atados, ser libres, y ojalá que esa privación de algo sea para compartir con personas que carecen de lo indispensable para vivir con dignidad.

IV. LA CUARESMA Y LA PASCUA

1. El final de la vida de Jesús fue una muerte injusta y cruel. En la Semana Santa se hace memoria de lo que fue su pasión. La soberbia y la codicia se vieron amenazadas por le enseñanza de Jesús y decidieron asesinarlo.
2. Y Jesús no se dejó callar ni inmovilizar por el miedo: si lo hubiera hecho habría perdido la vida, como lo había enseñado. Por lo tanto nos dio ejemplo de cómo ir más allá de los límites que solemos encontrar en la vida: hay que trascenderlos. Aún una muerte como la que tuvo, incluso, ya en la Cruz, el abandono de Dios: “¿Dios mío, por qué me has abandonado? Y en medio de la tortura dice: “Padre, perdónalos por que no saben lo que hacen”. Y En el fondo de la desolación y el abandono exclama: “Padre en tus manos encomiendo mi espíritu”.
3. Por eso Jesús nos enseña a “trascender”. Dar siempre un paso más allá de los límites porque contamos con la presencia, sabiduría y fortaleza de Dios desde adentro. “¿Muerte, dónde está tu victoria?”.

¿SACAS ALGUNA CONCLUSIÓN ACERCA DE CÓMO VIVIR TU “CUARESMA”?

El Triduo Pascual

La segunda parte de la Semana Santa está constituida por el Triduo Pascual, que conmemora, paso a paso, los últimos acontecimientos de la vida de Jesús, desarrollados en tres días. El triduo surge como celebración de la fiesta grande de la Pascua, a partir de su vigilia, e incluye la totalidad del misterio pascual. Recordemos que la celebración anual de la Pascua es del siglo II.

El triduo estaba formado originariamente por el Viernes y el Sábado santos como días de ayuno, lectura de la pasión y vigilia, junto al Domingo de Resurrección. Posteriormente, entre los siglos III y VIII se añadió el Jueves, que en realidad era el último día de cuaresma y tiempo para preparar el triduo. Estos tres días santos son culminación celebrativa de todo el año litúrgico, retiro espiritual de los creyentes en comunidad y momento principal de decisiones cristianas. Entendido el triduo como un tiempo vital comunitario, debe ser preparado con antelación. Mejor dicho, la Cuaresma es en realidad un retiro de cuarenta días de preparación a la celebración de la Pascua. Recordemos que las celebraciones pascuales no sólo son venerables por su antigüedad (siglo II), sino también porque se centran en el núcleo básico del cristianismo. Son casi seguidas, tienen amplitud, están relacionadas entre sí y manifiestan el sentido de la vida cristiana en comunidad.

En la Pascua celebramos el memorial de la liberación salvadora (tránsito de Jesucristo de la muerte a la vida), mediante el cual recordamos el pasado, confesamos la presencia de Dios en el presente y anticipamos el futuro. En estricto rigor, la Pascua de Cristo es el paso «de este mundo al Padre» (Jn 13,1). Toda la vida de Cristo es una Pascua: «Salí del Padre y he venido al mundo. Ahora dejo otra vez el mundo y voy al Padre» (Jn 16,28). Jesús se encarna en el mundo sin perder su condición divina. El retorno al Padre, a través de la resurrección, constituye un abandono de la existencia en la carne para entrar en una nueva existencia en el Espíritu. Esto es, en definitiva, la liberación radical, que es pascual. Por consiguiente, la Pascua implica un proceso de transformación social y de cambio personal. Es proceso de liberación de toda servidumbre y opresión.

La Pascua, o Triduo Pascual, es algo más que un mero recuerdo psicológico de los últimos días de Jesús o un aniversario de su muerte; es la celebración cristiana -sacramental y comunitaria- de la esencia del cristianismo (persona, acciones y palabras de Cristo en su tránsito); la asamblea más importante de las reuniones cristianas; la conexión de nuestro tiempo con el suceso pascual liberador; el redescubrimiento (siempre dominical y especialmente anual) de la identidad cristiana, del ser y misión de la Iglesia en el mundo.

En definitiva, este «memorial» pascual es memoria subversiva, ya que Cristo subvierte los falsos valores que circulan en la sociedad -sobre todo, la que idolatra el poder, las armas y el dinero-, creando una alianza, un corazón y un pueblo nuevos. Es compromiso actual desde la raíz de la justicia del reino, causa por la que murió Cristo para la salvación de todos; esta justicia es radicalmente distinta de la que, desgraciadamente, tiene vigencia en el mundo. Es esperanza de vida plena, de amor total y de verdad completa, basados en el triunfo de Cristo sobre los «infiernos» de la naturaleza humana, sobre el pecado como muerte y sobre los ídolos de este mundo.

El Jueves Santo

El Triduo Pascual comienza con la misa vespertina de la Cena del Señor del Jueves Santo, día de reconciliación, memoria de la eucaristía y pórtico de la pasión. Se celebra lo que Jesús vivió en la cena de despedida: «Cada vez que coméis de este pan y bebéis de esta copa, proclamáis la muerte del Señor, hasta que él vuelva» (1 Cor 11,26). En uno de los tres días anteriores al jueves puede celebrarse comunitariamente la penitencia. Después de una introducción al sentido de la reconciliación previa al triduo, se canta algo apropiado y se hace oración. Dos o tres lecturas bíblicas ayudan a tomar conciencia mediante un examen concreto comunitario, hecho eventualmente entre varias personas, según el tema elegido para la revisión. Se puede introducir un gesto penitencial, como es el encendido o apagado de algunas velas, la quema de papeles en un brasero, romper una vasija de barro, etc. Si la comunidad es grande -y en tanto sea posible-, se divide en grupos para tomar conciencia de los pecados. Luego se pide perdón por medio de unas peticiones preparadas; si es posible, se hace también de manera espontánea y se invita a la reconciliación con un silencio prolongado. Después, individual o comunitariamente, se da la absolución. El abrazo de paz y un canto sellan el final.

Hasta el siglo VII, el Jueves Santo fue día de reconciliación de pecadores públicos, sin vestigios de eucaristía vespertina. A partir del siglo VII se introducen en este día dos eucaristías: la matutina, para consagrar los óleos (necesarios en la vigilia), y la vespertina, conmemoración de la cena del Señor. Todo el misterio del Jueves Santo y del Triduo Pascual se contiene en estas palabras de Juan (13,1): «Era antes de pascua (judía). Sabía Jesús que había llegado para él la hora de pasar de este mundo al Padre (Pascua de Cristo); había amado a los suyos (entrega, Jueves Santo) que vivían en medio del mundo y los amó hasta el extremo (muerte, Viernes Santo). Estaban cenando (eucaristía, pascua cristiana)»... En la eucaristía del Jueves Santo, la Iglesia revive la última cena de despedida de Jesús y celebra la caridad fraterna por medio de dos gestos: uno, testimonial (el lavatorio); el otro, sacramental (la eucaristía). Con la misa vespertina del jueves comienza actualmente el triduo. Por eso se afirma que el Jueves Santo es «conmemoración de la cena del Señor». Todas las lecturas de este día evocan la entrega de Jesús, que cumple con el viejo rito de la antigua pascua (la lectura), ofrece su cuerpo en lugar del cordero (2ª lectura) y proclama el mandamiento del servicio (evangelio). Pero, al mismo tiempo, Jesús es entregado por Judas y abandonado por los demás discípulos.

Actualmente, al haber declarado Caritas el Jueves Santo como «día del amor fraterno», tanto la institución de la eucaristía como la del sacerdocio han pasado, por así decirlo, a un segundo plano. Sólo quienes participan en los oficios litúrgicos se dan cuenta del misterio que entraña este día.

La celebración vespertina exige una preparación de la capilla o iglesia. Conviene dar un realce especial a la mesa, que, a ser posible, debería ser grande y estar bellamente adornada. El monumento puede hacerse en una mesa sencilla, con vajilla adecuada, de tipo rústico. Se sitúan en el centro del presbiterio los utensilios necesarios para el lavatorio: jarra con agua, jofaina y toalla. Cabe empezar esta celebración fuera, en un patio -si es posible-, con una preparación especial para disponernos a comenzar. Entramos cantando. Transcurre la celebración según el ritual oficial. Después de la primera lectura (Ex 12) se prepara con cierta solemnidad la mesa. Un símbolo importante del Jueves Santo es el lavatorio de los pies, en el que sería bueno que participara el mayor número posible de fieles, y que se hiciera en silencio. Un canto de caridad puede preceder o seguir a este gesto. Después podemos darnos la paz. Se hace una catequesis adaptada a los niños presentes, sobre el sentido del lavatorio en el que participan. En general, puede oírse en estos momentos música clásica, polifonía o canto gregoriano. Ciertamente, el lavatorio de los pies es un gesto extraño a nuestra cultura, pero ha sido transmitido por los oficios de este día y significa un servicio que exige y requiere humildad. El «monumento» podría situarse en un sitio apropiado del templo, donde se celebrará la «hora santa» Termina el jueves con una oración prolongada personal en silencio.

La hora santa puede hacerse, bien el Jueves Santo por la noche, bien el Viernes por la mañana. Se preparan textos bíblicos, cantos o música para ser oída, fragmentos religiosos literarios, noticias sucintas del mundo, oraciones de petición o de acción de gracias y breves revisiones personales de vida. Recuérdese que el lenguaje religioso o litúrgico es en forma directa, dirigido a Dios. Como texto bíblico, puede utilizarse el discurso de despedida de Juan (caps. 13-17), las «siete palabras» o el itinerario del «via crucis». La experiencia nos dice que esta oración personal es una de las más importantes del año. Podemos contar también con la oración oficial de las Horas.

El Viernes Santo

El Viernes se centra en el misterio de la cruz, instrumento de suplicio y de muerte (madero), pero sinónimo de redención (árbol). En el hecho de la cruz se refleja el sufrimiento de Cristo, como el amor que se anonada, y el juicio de Dios, junto al pecado de la humanidad, presente en el anonadamiento de Jesús por Dios. Este día, denominado antiguamente al modo judío parasceve (preparación), es hoy «celebración de la Pasión del Señor». Conmemoramos la victoria sobre el pecado y la muerte. Jesús murió el 14 de Nisán judío, que aquel año fue viernes. La Iglesia decidió conmemorar la muerte de Cristo en viernes, y su resurrección en domingo. La actual celebración del Viernes Santo responde a la antigua liturgia cristiana de la palabra, tal como la describe Justino hacia el año 150: proclamación de la palabra de Dios, seguida de aclamaciones, oración de la asamblea por las intenciones de la comunidad y bendición de despedida. La liturgia de la palabra, sin eucaristía, era común en Roma los miércoles y viernes, a la hora de nona, hasta el siglo Vl. En el Viernes Santo se celebraba, desde el siglo IV, un oficio de la palabra propio del día, con los elementos actuales: lecturas, oraciones solemnes, adoración de la cruz y comunión.

La actual celebración del Viernes Santo es austera: gira en torno a la inmolación del Señor. Se introduce la celebración mediante una catequesis apropiada sobre el relato de la Pasión. Comienza por un rito inicial antiguo, la postración del celebrante y de sus ayudantes en silencio. La primera lectura, denominada «Pasión según Isaías», es el cuarto canto del siervo de Yahvé, aplicado proféticamente a Jesús. En la segunda lectura, el siervo es el sumo sacerdote que se entrega por los demás. El evangelio es el relato de la Pasión de San Juan, donde la cruz es la suprema revelación del amor de Dios. Puede leerse la Pasión entre varios, dividida en cinco escenas: huerto de los olivos, interrogatorio religioso, interrogatorio político, crucifixión y sepultura. Se intercalan entre escena y escena momentos de oración, canto o música y reflexión. Un texto largo, como el de la Pasión, se sigue mejor con el mismo en la mano y, por supuesto, en posición sedente. A la hora de la crucifixión se pueden clavar dos tablas grandes que formen luego una cruz. Al final de la lectura evangélica, las personas que se han identificado con los personajes principales de la Pasión expresan en voz alta y de forma directa una reflexión actualizada. Se comienza diciendo, por ejemplo, «yo soy Pedro», «soy la Magdalena», etc. Sigue la oración universal, formulario romano del siglo v. Las oraciones solemnes y los improperios caben ser revisados cada año. Después es adorada la cruz (una sola, no varias) por el pueblo, precedida de su ostentación ante la asamblea: «Mirad el árbol de la cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo». A la adoración de la cruz le precede una monición adecuada y la lectura de la «Pasión según Isaías». El gesto de adoración se hace espontáneamente, como cada persona lo desee, mediante un beso, abrazo, inclinación, de rodillas, tocando el madero, etc. Los matrimonios pueden ir juntos a adorar la cruz, a ser posible con sus hijos. Los improperios evocan el misterio de la glorificación de Jesús, que muere herido de amor y de ternura hacia su pueblo. La celebración concluye con la comunión precedida y seguida de una oración comunitaria y personal.

Para nuestro pueblo, el Viernes Santo es un día de dolor, manifestado por dos figuras: el Nazareno y la Dolorosa. Los oficios de este día son desplazados casi totalmente por las procesiones del catolicismo popular. Han decaído las devociones de las «siete palabras» y del «via crucis», actos típicos de la noche del jueves ante el monumento.

La Vigilia-Pascual

La Vigilia Pascual es la celebración más importante del año, la culminación de la Semana Santa y el eje de toda la vida cristiana, hasta el punto de haber sido denominada «madre de todas las vigilias». Sin embargo, todavía está lejos de significar algo importante para nuestro pueblo, que se hace presente, sobre todo, en las procesiones del viernes. Para muchos de nuestros fieles sigue siendo el Viernes Santo el día decisivo. Con todo, la resurrección de Jesús es dato básico de la confesión de fe, comunicación de nueva vida e inauguración de nuevas relaciones con Dios. Según la actual liturgia, el sábado es día de meditación y de reposo, de paz y de descanso, sin misa ni comunión, con el altar desnudo. La Vigilia Pascual más antigua que se conoce es del siglo III. Hacia el año 215, según la Tradición de Hipólito, el bautismo era celebrado, con la eucaristía, en la Vigilia Pascual. Esto se generalizó en el siglo IV. A finales de este siglo algunas Iglesias introdujeron el lucernario pascual, que finalmente se extendió a todas partes. A partir del siglo Xll se comenzó a bendecir el fuego.

Con la noche del sábado se inicia el tercer día del triduo. Según el misal, es noche de vela. Está constituida por una larga celebración de la palabra que acaba con la eucaristía. Se inicia el acto con una hoguera. En un primer momento, puede prenderse un «fuego de campamento», con cantos jubilosos, danza de niños y mayores alrededor del fuego, y quema de cosas que rechazamos: juguetes bélicos, prensa mentirosa, jeringuillas de droga, etc. e empieza la celebración con una monición para dar sentido a todo el acto, que tiene cuatro partes:

a) La liturgia de la luz

Se desarrolla de noche, fuera del templo, en torno al cirio, símbolo de Cristo, al que siguen los bautizados con sus luminarias encendidas. El lucernario, o rito del fuego y de la luz, tiene su origen en la práctica judía y cristiana primitivas de encender una lámpara a la llegada de la noche, junto con una bendición. Los fieles, con los cirios apagados en la mano, son los «exiliados». Con el fuego se enciende el cirio pascual, y con éste se encienden las velas que portan los fieles; de este modo, se entra en procesión en la iglesia, ya preparada y adornada profusamente. El cirio encendido evoca la resurrección de Cristo. Dentro del templo se proclama el pregón pascual, canto de esperanza y de triunfo; su texto debiera ser propio cada año. Dentro del Exultet caben aclamaciones festivas de la asamblea.

b) La liturgia de la palabra

En esta segunda parte se describe la historia de la salvación. Son fundamentales las lecturas del Génesis (creación), Éxodo (liberación de Egipto), Profetas (habrá una nueva liberación) y Evangelio (proclama de la resurrección). Esta parte consta de una introducción catequética y de varias lecturas que narran la historia de la salvación, hasta llegar al evangelio. Se intercalan las lecturas con cantos, oraciones o noticias breves. Proclamada la resurrección, aplaudimos, cantamos festivamente e incluso puede hacerse una danza, repartirse flores y hasta encender bengalas. Todo gravita en torno a la Pascua del Señor.

c) La liturgia del agua

La tercera parte celebra el nuevo nacimiento. Se desarrolla especialmente cuando hay bautismos, sobre todo de adultos. En el caso del bautismo de niños, los padres hacen la petición, el presidente de la comunidad responde, se convoca a los santos en las letanías, se bendice el agua, se exhorta a la profesión de fe y a los compromisos cristianos y se procede al bautismo. Las promesas bautismales se renuevan estando todos de pie, con los cirios encendidos, mediante un diálogo que concluye con la aspersión. Un gran aplauso rubrica el acto sacramental.

d) La liturgia eucarística

La eucaristía es la cumbre de la vigilia. Los recién bautizados participan activamente en la oración universal, procesión de ofrendas y comunión. Tras una monición adecuada, se procede a preparar solemnemente la mesa con flores, cirios y toda clase de ofrendas, en un «ofertorio» en el que pueden intervenir también los niños (cabe incluso una danza a la hora de llevar los dones). La anáfora también debiera ser nueva cada año. Al final de la fiesta, después de la comunión, se acaba con un encuentro festivo, en el que no debe faltar un sencillo ágape en el que participen todos los asistentes. La eucaristía pascual anuncia solemnemente la muerte del Señor y proclama su resurrección en la espera de su venida.

La Eucaristía Pascual

En la eucaristía del Domingo de Resurrección se comenta la experiencia del triduo, y varios participantes del mismo dan testimonio al reconocer que su vida cristiana se ha visto robustecida por estas celebraciones regeneradoras, al modo de unos «ejercicios espirituales» litúrgicos. El acontecimiento pascual, sacramentalmente celebrado en la eucaristía, no se reduce sólo a Cristo y a la Iglesia, sino que tiene relación con el mundo y con la historia. La Eucaristía Pascual es promesa de la Pascua del universo, una vez cumplida la totalidad de la justicia que exige el reino. Todo está llamado a compartir la Pascua del Señor, que, celebrada en comunidad, anticipa la reconciliación con Dios y la fraternidad universal. El día pascual de la resurrección, Jesús comió con los discípulos de Emaús y con los Once en el cenáculo. Son comidas transitorias entre la resurrección y la venida del Espíritu. Estas comidas expresan el perdón a los discípulos y la fe en la resurrección. Enlazan las comidas prepascuales de Jesús con la eucaristía. Denominada «fracción del pan» por Lucas y «cena del Señor» por Pablo, se celebraba al atardecer, a la hora de la comida principal. Había desde el principio un servicio eucarístico (mesa del Señor) y un servicio caritativo (mesa de los pobres). Se festejaba el «primer día de la semana», con un ritmo celosamente guardado. Surge así la celebración del día del Señor (pascua semanal), y poco después la celebración anual de la Pascua.

CASIANO FLORISTAN
DE DOMINGO A DOMINGO
EL EVANGELIO EN LOS TRES CICLOS LITURGICOS
SAL TERRAE.SANTANDER 1993.Pág. 61-73

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